4[1]

Para Dios nada es imposible

¿Y si lo que hoy llamas imposible fuera solo el lugar donde Dios quiere comenzar?
¿Y si tu mayor herida escondiera una promesa que aún no has visto nacer?

La historia de la Navidad no empieza con luces ni celebraciones.
Empieza con una pregunta temblorosa en el corazón de una joven y con un milagro silencioso creciendo en el vientre de una mujer que ya había aprendido a esperar sin esperanza.

María y Elisabet.

Dos mujeres distintas, dos tiempos diferentes, un mismo Dios obrando en lo imposible.

María no lo entiende todo. El anuncio del ángel no viene acompañado de explicaciones completas, sino de una promesa. Su primera reacción no es la seguridad, sino el asombro, el temor, la pregunta honesta. Y, aun así, Dios la elige. No por su certeza, sino por su apertura.

Elisabet, en cambio, carga años de silencio. Su historia está marcada por la espera prolongada, por la herida de lo que no fue, por oraciones que parecían no haber encontrado respuesta. Cuando su vientre comienza a dar vida, no solo sucede un milagro físico: ocurre una confirmación espiritual. Dios no se había olvidado.

Antes de pedirle a María que creyera en lo imposible, Dios le ofrece una señal:
“También Elisabet, tu parienta…”
Como si le dijera: no estás sola; mira lo que ya estoy haciendo.

La fe, muchas veces, necesita testigos.
Necesita ver que Dios ya está obrando en otras historias para animarse a creer que también puede hacerlo en la nuestra.

La Navidad nace en ese cruce:
en la promesa que desconcierta
y en el milagro que confirma.

No comienza cuando todo está claro, sino cuando el corazón se atreve a confiar. Cuando entendemos que lo imposible no es un obstáculo para Dios, sino su punto de partida.

Tal vez hoy tu historia se parezca más a la de María: llena de preguntas, con un futuro incierto, con una fe que tiembla.
O quizás se parezca a la de Elisabet: larga espera, cansancio acumulado, esperanza que aprendió a callar.

Sea cual sea tu lugar, la Navidad trae una misma verdad:
Dios sigue haciendo vida donde parecía no haberla.
Sigue cumpliendo promesas.
Sigue obrando milagros.

Creer no significa tener todas las respuestas, sino confiar en Aquel que las tiene. La Navidad nos invita a mirar nuestras imposibilidades con otros ojos: no como finales, sino como espacios sagrados donde Dios puede revelarse con poder.

¿Qué pasaría si hoy te atrevieras a creerle a Dios, aun en aquello que ya diste por perdido?

Oración

Dios mío🙏, ayúdame a creer cuando el miedo me paraliza,
a confiar cuando no entiendo,
a esperar cuando el tiempo pesa,
y a reconocer que Tú sigues obrando milagros,
también en mi historia. Amén.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *